La importancia de decir “no”

A veces las lecciones para la vida profesional aparecen cuando estás de vacaciones, en momentos de auténtica desconexión, y donde menos te lo esperas… como en el puerto de Estocolmo.

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Pero, antes, un poco de historia de la buena. A inicios de los años 1620, Suecia se encontraba en guerra con Polonia dentro del creciente conflicto de la Guerra de los Treinta Años. El rey Gustavo II Adolfo de Suecia llevaba ya 10 años de reinado y la flota real sueca se encontraba en malas condiciones. La guerra se había iniciado en 1618 y las intenciones del rey sueco exigían un control férreo sobre el Mar Báltico.
En 1625, el rey encargó la construcción de un enorme galeón de guerra con la intención de que fuera el más poderoso y mejor armado de su época. El Vasa, en honor a la estirpe Vasa a la cual el rey Gustavo Adolfo pertenecía. En ese año, mil robles fueron tumbados sólo para construir este navío de 135 pies de eslora. El Vasa comenzó a armarse en enero de 1626, pero en esa época no existían planos de construcción. En su lugar se utilizaban compases con proporciones establecidas que, se suponía, proporcionaban buenas propiedades a una nave. Los compases utilizados en la construcción del Vasa eran apropiados a un puente de cañones, pero el rey había ordenado dos puentes con el objetivo de lograr una atemorizante máquina de guerra.

En un principio, los hermanos Hybertsson, expertos constructores holandeses, se negaron a acatar las órdenes del rey. Su sabiduría y know-how les aconsejaba no cargar demasiado la embarcación para garantizar su navegabilidad. Una visita relámpago del rey a los astilleros, amenazando a los dos hermanos y cuestionando su profesionalidad, zanjó el asunto a favor del monarca. Los constructores se consolaron con la promesa de unas pruebas de estabilidad para el galeón, aunque nunca llegaron a realizarse porque el rey tenía mucha prisa por inaugurar su capricho.

Así, el domingo 10 de agosto de 1628, una multitud presidida por el rey Gustavo Adolfo se congregó en el puerto de Estocolmo para contemplar el viaje inaugural de la mayor nave de guerra jamás vista hasta la fecha. El Vasa estaba armado con 64 cañones colocados en tres puentes (¡): el superior, batería alta y batería baja. Desplazaba más de 1.300 toneladas. La superficie velera era de 1.150 m_. Todas las piezas eran de bronce y con un peso total de unas 80 toneladas. Se calcula la dotación del Vasa en ciento treinta marineros y trescientos soldados. El rey, sin duda, había conseguido su propósito.

El capitán del Vasa dio la orden a la marinería: –“¡Largar trinquete, velacho, gavia y cangreja!” El galeón leva anclas y se disparan dos salvas de saludo. El viento es suave y el Vasa se desliza lentamente a lo largo de Skeppsbron. Algunos experimentados navegantes señalan que la nave se menea anormalmente desde el inicio a pesar del suave viento. De pronto, una fuerte ráfaga de viento azota al Vasa y el enorme casco comienza a escorar. La mayor parte de la carga se desplaza al otro lado del buque, pierde el equilibrio y zozobra en medio del asombro de los presentes. Se hunden sus velas y banderas desplegadas y, con ellas, más de la mitad de la tripulación.

Más de 300 años después, el 24 de abril de 1961, el barco fue rescatado casi intacto del fondo del puerto de Estocolmo y se encuentra expuesto en el museo homónimo de la ciudad.

Esta historia me hizo pensar en la cantidad de veces que deberíamos decir “no” a nuestros clientes (aunque el cliente sea el rey). Cuando estamos incluyendo demasiada información en una pieza de comunicación, cuando el timing no sea el adecuado, cuando estemos perdiendo el rumbo, deberíamos decir “no”. Superado el mal trago del momento —porque nunca es agradable decir “no”— la historia nos dará la razón.

4 comentarios sobre “La importancia de decir “no””

  1. Anna dijo:

    La suerte es que ahora se pueda ver, la foto impresiona, uf. La historia me ha recordado levemente a esto, tiene y no tiene que ver a ratos, ya veréis: http://palabrastextuales.blogspot.com/
    Seguro que vosotros os podréis reír más fuerte por razón del oficio.
    Saluditos.

  2. XXavI dijo:

    ¡Qué razón tienes!
    yo aún no estoy metido en el mundillo publicitario pero en todos los trabajos funciona de una forma similar. Trabajo en una empresa pekeñita. Familiar (la empresa y el jefe). Me encargo de la parte de “diseño” (de las photoshoilustretorpucillas). A veces me encantaría poder decir NO a un pack sobreinformado o NO a un “NOVEDAD” en tamaño 3.000.000 y de color amarillo…

    en fin, cosillas que pasan a veces.

    Gracias por los consejos.

    Saludos fuertes, fuertes.

    P.S: he començat a fer el llibre publicitari. poc a poc i bona lletra.

  3. Tomas dijo:

    Anna, xavi gracias por vuestros comentarios. Xavi cuando acabes el librito nos lo envías para ser los primeros en leerlo?

    Saludos a todos!

  4. luisfar dijo:

    mm muy hermoso tbn me gustaria construir uno igual peor en miniatura

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